domingo, 21 de julio de 2013

Demasiados cuerpos

Extraído del ensayo "La imagen intolerable", de Jacques Rancière. La cita comienza luego de la descripción de la instalación Real Pictures, una de las obras realizadas por el artista chileno Alfredo Jaar para abordar el genocidio ruandés de 1994. Sobre la obra, Rancière afirma que tiene el poder de "perturbar el régimen ordinario" de la conexión que se establece entre lo verbal y lo visual al construir una imagen, "tal como lo pone en obra el sistema oficial de la Información".


"Para entenderlo hay que poner en cuestión la opinión recibida según la cual ese sistema nos sumerge en un torrente de imágenes en general -y de imágenes de horror en particular- y nos vuelve de ese modo insensibles a la realidad banalizada de esos horrores. Esta opinión es ampliamente aceptada porque confirma la tesis tradicional que pretende que el mal de las imágenes es su número mismo, dado que su profusión invade inapelablemente la mirada fascinada y el cerebro reblandecido de la multitud de consumidores democráticos de mercancías y de imágenes. Esta visión se pretende crítica, pero está perfectamente en concordancia con el funcionamiento del sistema. Pues los medios de comunicación dominantes no nos ahogan de ninguna manera bajo el torrente de imágenes que testimonian masacres, desplazamientos masivos de población y otros horrores que constituyen el presente de nuestro planeta. Muy por el contrario, ellos reducen su número, se toman buen cuidado en seleccionarlas y ordenarlas. Eliminan en ellas todo aquello que pudiera exceder la simple ilustración redundante de su significación. Lo que nosotros vemos sobre todo en las pantallas de la información televisada, es el rostro de los gobernantes, expertos y periodistas que comentan las imágenes, que dicen lo que ellas muestran y lo que debemos pensar de ellas. Si el horror es banalizado, no es porque veamos demasiadas imágenes de él. No vemos demasiados cuerpos sufrientes en la pantalla. Pero vemos demasiados cuerpos sin nombre, demasiados cuerpos incapaces de devolvernos la mirada que les dirigimos, demasiados cuerpos que son objeto de la palabra sin tener ellos mismos la palabra. El sistema de la Información no funciona por el exceso de las imágenes; funciona seleccionando los seres hablantes y razonantes, capaces de "descifrar" el flujo de la información que concierne a las multitudes anónimas. La política propia de esas imágenes consiste en enseñarnos que no cualquiera es capaz de ver y de hablar. Ésta es la lección que confirman muy llanamente aquellos que pretenden criticar el torrente televisivo de imágenes".
(...)
"El problema no es oponer las palabras a las imágenes visibles. Es trastornar la lógica dominante que hace de lo visual la parte de las multitudes y de lo verbal el privilegio de unos pocos. Las palabras no están en el lugar de las imágenes. Son imágenes, es decir, formas de redistribución de los elementos de la representación. Son figuras que sustituyen una imagen por otra, palabras por formas visuales o formas visuales por palabras. Esas figuras redistribuyen al mismo tiempo las relaciones entre lo único y lo múltiple, lo escaso y lo numeroso. Es en eso en lo que son políticas, si la política consiste sobre todo en cambiar los lugares y la cuenta de los cuerpos. La figura política por excelencia es, en este sentido, la metonimia que muestra el efecto por la causa o la parte por el todo".
(...)
"La cuestión de lo intolerable debe entonces ser desplazada. El problema no es saber si hay que mostrar o no los horrores sufridos por las víctimas de tal o cual violencia. Reside en cambio en la construcción de la víctima como elemento de una cierta distribución de lo visible. Una imagen jamás va sola. Todas pertenecen a un dispositivo de visibilidad que regula el estatuto de los cuerpos representados y el tipo de atención que merecen. La cuestión es saber el tipo de atención que provoca tal o cual dispositivo".

Jacques Rancière. 2008. "La imagen intolerable" en El espectador emancipado.

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