Es probable que la imagen se deslizara desde una carpeta de lomo ancho y desteñido, mamotreto de cartón que sólo se encuentra ya en las repisas de algunos temerosos mortales para guardar con dos, tres, cinco ganchos metálicos lo que sea que haga falta preservar del o inducir al (pero esto nunca adrede) olvido. A veces sí, otras más y también menos, la fotografía se despega de una maraña de recortes, apuntes secundarios de la primera gran guerra, caricaturas de recreo, parodias de curriculum vitae, entradas para un recital sordo y húmedo, chistes y frases chuscas borroneadas, un examen marcado con un 8 que alguna vez fue monigote o viceversa, rankings obscenos de todo calibre, tablaturas de tontos temas tristes, planes para vacaciones y más instantáneas que resisten cada vez menos el viraje hacia el amarillo patitiempo. De todas esas fotos se escapa una, que se tira con arte en remolino y aterriza sobre las manos, éstas se tensan ante el contacto con la lámina, que rebota entre las yemas haciéndolas bailar hasta que se aflojan previendo el giro de muñeca instantáneo. La foto queda atrapada por ambos índices y pulgares en un ángulo de 30 grados respecto del piso, elevada por sobre la cintura pero debajo del pecho para apoyarse en el ombligo si es que el encuentro invita a recostarse en un sofá o en el balcón a repasar las caras con su cara, a zamarrear el pedazo de film para sacarle algo de la vida pasada.
lunes, 13 de agosto de 2007
jueves, 11 de enero de 2007
Tarea para las vacaciones
Será sin complicaciones, al menos por esta vez (cualquiera sea la que se le haya cantado a usted-que-lee-allí). He aquí una historia simple que se cuenta y que usted va a entender en toda su simpleza, de principio a fin, de izquierda a derecha y de menor a mayor; así de fácil. Vamos despacio por las dudas, o también podemos hacerlo despacio, por las dudas... como le plazca.
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