Se oye un rumor complejo, mezcla de muchas cosas, entre las que se identifican con facilidad el ir y venir de la gente y de los instrumentos. Están ahí nomás, sin embargo los sonidos empiezan a llegar de un lugar infinitamente más lejano, como si estuviera en el piso más alto del edificio más alto de la ciudad más grande; ecos de algo que sucede muy abajo en alguna calle anónima. Juan sabe que no es así. No importa. Ya se olvidó. La fantasía se mantiene en pie gracias a la ausencia absoluta de luz. Es genial y sólo (porque) él está allí para disfrutarlo. No se anima a calificarlo como perfecto, sabe que es lo último que se piensa antes de que algo ocurra y estropee el momento sin poder degustarlo por completo. No es de esos placeres con los que uno se topa una noche cualquiera. Lo consume despacio, con la serenidad de quien no vive con un reloj en la muñeca y un calendario en la pared. Inmediatamente reacciona y prende intuitivamente un cigarrillo, algo para saborear y ampliar así el espectro sensorial del deleite. La brasa sobrevive a la llama del encendedor, se entromete en esa nada, la vuelve tangible y le da sentido, es centro y el resto la periferia de todo lo que puede ser. Con cada pitada la luz palpita y luego vuelve a agonizar. Un astro justo allí, qué maravilla. Al carajo con las precauciones, es perfecto.
miércoles, 21 de septiembre de 2005
Más allá del rocanrol
jueves, 15 de septiembre de 2005
El bobo del huracán
"Si piensan que poner nombre de mujer a una tormenta destructiva es sexista, seguro que no han visto a un grupo de damas en una barata de ropa", dijo Kent Brockman, cerrando el anuncio de la inminente llegada del huracán Bárbara a las tierras de Springfield. El carismático presentador (anchorman le dicen por allá) no sabía que su sarcástico comentario hoy sería un firme candidato a llevarse el premio a Mejor Chiste de Humor Negro. Sólo era una frase más dentro de otro (excelente) capítulo de Los Simpson allá por el año 1996; el episodio se llamó "Huracán Neddy". La historia tenía por protagonista a Ned Flanders, quien luego de la tormenta se ve despojado de todos sus bienes materiales y entra en una aguda crisis psicológica que lo lleva a huir -incluso de su propia familia- e internarse en un hospital psiquiátrico.
sábado, 3 de septiembre de 2005
Antediluviano
Dicen que el sol había desaparecido y que no había nadie en las calles cuando empezó. Nadie salía de sus casas desde hacía varias semanas, cuando se supo la fecha exacta en que iba a suceder; es decir, el día en que se confirmó el Día. A nadie le importaban las causas ya que eran inmodificables, al igual que la única e inminente consecuencia. Esto no impidió que muchos gastaran lo que les quedaba de tiempo en indagar sobre el origen último de todo el asunto y de alguna forma sentirse más iluminados al respecto, pero no por eso iban a escapar a su destino. Todo se iría al diablo y no había nada que hacerle.
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