sábado, 17 de diciembre de 2005

Esperando la neutrónica

Ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad, para todos los cristianos… y para los demás también, a joderse por minoría. Esto va a sonar cursi pero bueh, más vale ir a tono con la temporada: los días empiezan a tener un nosequé, un queseyó, un faladó, un Borocotó. Aunque sea por la fuerza, la ciudad se ha vuelto más amiga de la noche. De día es un amasijo pegajoso que apenas y se arrastra por las calles, preferentemente por la vereda donde hay sombra. Una vez que baja el sol, la mutación ocurre, mágica. Sólo basta que afloje un poco el calor, ni siquiera que refresque considerablemente. Entonces hay una descompresión. Las personas vuelven a latir y echan a andar, vigorosas. La noche es corta, más que antes, y hay que aprovecharla. El paisaje indudablemente ha cambiado. Los pinitos sintéticos se han multiplicado, como si se tratase de una maniobra en la que actúan como secuaces malévolos de esos grandes árboles luminosos que se han adueñado de cuanta rotonda hay en la Chicago.ar. Ellos deben ser los que están a cargo de toda esta agitación colectiva, vigilando por las noches con sus múltiples y multicolores ojos. Sus parpadeos son incansables. Sus motivos son una incógnita. Sus objetivos son inciertos. Susana no sabe si se lleva a Jazmín de vacaciones. Sus Papá Noel de barba, botas, gorro y traje rojo de algodón son desconcertantes. Pero una cosa es segura: volverán a fines del 2006 y del 2007 y del siguiente, hasta que un día… no habrá otro año hacia el cual mirar. Al finalizar el año nadie sabrá si el plan fracasó o tuvo éxito. Y ahí te quiero ver hacia dónde miran vos y tu paranoia.

jueves, 8 de diciembre de 2005

La sala de espera

"En sus distintas reencarnaciones fue maharaja de Calcuta, tigre de Bengala, chimpancé de Ceilán, pulga de doberman, y bacilo de Koch... en ese orden" (Así hablaba Sali Baba - Les Luthiers).

Preparar una cena, patear un tiro de esquina, o bien doblarla (en el caso de que se trate de una calle), incluso hacer el nudo de una corbata. Hay situaciones ante las cuales la experiencia previa nos ayuda y nos guía en nuestra forma de actuar. Mientras más veces hayamos hecho algo, más son los errores que hemos cometido; por ende, menos los que podemos llegar a cometer. El resultado debería ser que a una determinada altura de nuestra existencia dejáramos de fallar. No por virtuosismo, sino más bien por agotamiento de variables. Claro que la lógica que rige la vida se caracteriza por estar reformulándose constantemente. De ahí que sea considerada como una de las más contradictorias y traicioneras disciplinas científicas, junto con la astrología, la quiromancia y la quinielología. Entonces, no sólo no perfeccionamos nuestro hacer en la medida en que lo repetimos sino que muchas veces reincidimos en nuestros errores al punto tal de crear una dinámica, una sistematización de la macana propiamente dicha. Aparecen por doquier casos de cocineros que regularmente queman la carne al horno, jugadores de fútbol que no pueden escapar al famoso centrito a media altura (mal llamado córner al primer palo), caballeros que asiduamente chocan con el canillita en la intersección de dos calles y hombres de negocios que dicen usar chombas para estar más cómodos.