Caminaba pensando en lo fantástico que había sido despedirse de ella diciendo: "Hasta pronto". Sus pasos eran tan seguros y regulares que hubieran oficiado de metrónomo para cualquiera. Sin embargo, él era el único que aprovechaba para canturrear acompasadamente esa milonga que tanto le gustaba: "Si zarpo esta madrugada / sin el recuerdo de tus besos...". O bien en la cuadra no había tantos músicos aprendices que disfrutaran las sesiones de madrugada como cabía esperar, o bien el ritmo de esas pisadas no se traducía en una tentación suficiente para abandonar el sueño nocturno y sacar la música a la calle. No se podía tratar de esta última. Al menos, no en esa fantástica noche.
"Si zarpo esta madrugada / con el calor de tus abrazos / las estrellas brillarán...". Se detuvo impactado por ese último verso inconcluso. No había sido la sutileza y la belleza de aquellas palabras; tal vez si tuviera más en común con los parroquianos del bar del que acababa de salir -fantásticamente, por cierto-. Pero no, recordó las estrellas. Miró hacia arriba y, paradójicamente, todo se vino abajo. No estaban allí. Siguió el recorrido pero no hubo forma de encontrarlas, no estaban ni más adelante ni más atrás. Unas nubes gordas y grises colgaban tan cerca de su cabeza que bastaba saltar y arañarlas para desatar lo inevitable. La desesperación, que suele apurar el paso desde atrás en estas ocasiones, saltó el cordón al terminar de cruzar la esquina y lo alcanzó. Fue en ese instante que sintió como se levantaba ese viento impertinente que anuncia las tormentas.
martes, 26 de julio de 2005
miércoles, 20 de julio de 2005
El día que se pelearon los huevos
Pues bien, nada más tentador en un día como este que hablar de un feriadito más. Dado que el hipervínculo a la izquierda habla por sí mismo, no hace falta que nadie ahonde en el tema. Estoy seguro de que al terminar de leer semejante nota, la hoja de diario en la que está impresa se autodestruirá. O debería, al menos. En el caso del monitor va a ser bastante más complicado, pero no pierda las esperanzas. En cualquier caso, repitan conmigo hermanos y hermanas: "¡Alabados sean Carlín y el pendex, llegó el día del amigo!".
Podría decirse que fue una jornada agotadora y emotiva. Que fue una oportunidad inmejorable para retomar contacto con aquellos a quienes teníamos guardados en un cajón bajo la letra S de "Si necesito algo te llamo" o la N de "Nos tenemos que juntar algún día". Podría decirse a su vez que dejamos de estar archivados por un ratito en los cajones de los otros. Que nos sacaron para mirarnos un ratito en pos de un recuerdo o un sentimiento del cual somos la llave. Que nos sentimos aliviados al ver que esos tesoros aún estaban allí, o nos alarmamos al ver que se habían perdido en el zafarrancho de la memoria. Que nos guardaron en nuestro lugarcito tras un beso, un abrazo y una caricia que fue más nostálgica que para limpiarnos el polvo un poco. En cualquier caso, tanto la nostalgia como el polvo se llevan de lo más bien y ninguno de los dos se sintió ofendido por la duda.
Podría decirse que estuvimos a punto de esquivar a los Enanitos Verdes cantando que "un amigo es una luz". Que casi nos olvidamos de decirle a alguien: "tú eres mi hermano del alma". Que cumplimos con nuestras "personitas especiales", nuestros "locos lindos", nuestros "amigazos" y demás figuritas del álbum. Que aprovechamos la oportunidad para perdonar y ser perdonados por alguna cosilla, para "decirte lo que realmente pienso sobre vos" y "lo importante que sos para mí". Podría decirse que somos poco originales para expresar nuestro afecto y que a veces no lo expresamos en la medida y la forma adecuadas (tanto en demasía como en escasez). En cualquier caso, pobre del que deje de valorar el regalo por sobre lo grande o lo chico de la caja ¡Y ni hablar del que se fije en el moño con que lo atamos!
Podría decirse que todas estas consideraciones nacidas a la luz de una fecha que volverá dentro de 365 días no son originales. Que se reciclan cada 12 meses y que sólo encontramos alguna forma nueva en el amasijo final. Que cuando la miramos bien, esa forma sólo era novedosa por estar escondida bajo un pliegue de nuestra cabezota que no habíamos alcanzado a girar en ocasiones anteriores. En cualquier caso, la necesidad de detenerse a reflexionar siempre será irresistible por más trivial y visitado que sea el tema en cuestión.
Podría decirse que así pasó el día del amigo versión 2005. Podría, pero el sol apenas lleva un par de horitas colgado en el techo. Será cuestión de ir y confirmar tanta predicción, entonces.
Podría decirse que fue una jornada agotadora y emotiva. Que fue una oportunidad inmejorable para retomar contacto con aquellos a quienes teníamos guardados en un cajón bajo la letra S de "Si necesito algo te llamo" o la N de "Nos tenemos que juntar algún día". Podría decirse a su vez que dejamos de estar archivados por un ratito en los cajones de los otros. Que nos sacaron para mirarnos un ratito en pos de un recuerdo o un sentimiento del cual somos la llave. Que nos sentimos aliviados al ver que esos tesoros aún estaban allí, o nos alarmamos al ver que se habían perdido en el zafarrancho de la memoria. Que nos guardaron en nuestro lugarcito tras un beso, un abrazo y una caricia que fue más nostálgica que para limpiarnos el polvo un poco. En cualquier caso, tanto la nostalgia como el polvo se llevan de lo más bien y ninguno de los dos se sintió ofendido por la duda.
Podría decirse que estuvimos a punto de esquivar a los Enanitos Verdes cantando que "un amigo es una luz". Que casi nos olvidamos de decirle a alguien: "tú eres mi hermano del alma". Que cumplimos con nuestras "personitas especiales", nuestros "locos lindos", nuestros "amigazos" y demás figuritas del álbum. Que aprovechamos la oportunidad para perdonar y ser perdonados por alguna cosilla, para "decirte lo que realmente pienso sobre vos" y "lo importante que sos para mí". Podría decirse que somos poco originales para expresar nuestro afecto y que a veces no lo expresamos en la medida y la forma adecuadas (tanto en demasía como en escasez). En cualquier caso, pobre del que deje de valorar el regalo por sobre lo grande o lo chico de la caja ¡Y ni hablar del que se fije en el moño con que lo atamos!
Podría decirse que todas estas consideraciones nacidas a la luz de una fecha que volverá dentro de 365 días no son originales. Que se reciclan cada 12 meses y que sólo encontramos alguna forma nueva en el amasijo final. Que cuando la miramos bien, esa forma sólo era novedosa por estar escondida bajo un pliegue de nuestra cabezota que no habíamos alcanzado a girar en ocasiones anteriores. En cualquier caso, la necesidad de detenerse a reflexionar siempre será irresistible por más trivial y visitado que sea el tema en cuestión.
Podría decirse que así pasó el día del amigo versión 2005. Podría, pero el sol apenas lleva un par de horitas colgado en el techo. Será cuestión de ir y confirmar tanta predicción, entonces.
martes, 12 de julio de 2005
Toda historia tiene un comienzo...
...y todo blog también.
Esta es una de las tantas malas ideas que he tenido. A diferencia de sus hermanas menos afortunadas, floreció merced a la facilidad de llevarla a cabo y a la ingenua esperanza de poder encontrarle la vuelta a esto de escribir donde cualquiera puede escribir. Espero encontrar un hilo conductor a lo largo de lo que haga (¡frase absolutamente extrapolable!) y dilucidar exactamente qué me terminó de convencer para abrir el blog.
No es tan sencillo como parece. Un blog es un espacio que cualquiera puede tener, al igual que un fotolog y demás mierdas de la familia log. Los defensores de la libre expresión dirán que es todo un logro, auspiciado por la revolución tecnológica y "la maravilla de Lainterné". Estando a favor de la libre expresión, me permito decir que Lainterné es tan maravillosa como alienante.
No puedo sonreír al ver la cantidad de gente que tiene estos espacios y los emplea como bitácoras (gráficas, textuales e imagino que próximamente audiovisuales) de sus vidas. "Hacete uno, total es gratis", "Pasá y firmame" y otras varias frases vomitivas surgieron en diálogo ("cyberdiálogo", debo aclarar) con algunos de ellos. Asusta ver cómo muchos derraman sin vacilar sus peripecias y emociones de cada día en fotos y palabras. Diarios íntimos de diverso calibre emocional e intelectual al alcance de quien no tenga nada mejor que hacer y una computadora en frente. Eso sí, son gratis. O lo que es lo mismo, nuestra privacidad ya no vale nada.
Quien quiera discutir el éxito que han tenido estos engendros, principalmente los flogs, (apócope de fotolog, para los legos en la materia) simplemente dirija su atención al megaemporio de M$N Spaces. Los muchachos no se despeinaron y al instante sacaron un ofertón: poné tus fotos acá, poné tus escritos acá, poné tu vida acá, poneTE acá. YA. Sólo necesitás tu cuenta de cliente y ya podés empezar a despedirte de tu privacidad. Harás nuevos y mejores amigos (cyberamigos, ¿no son, acaso, los mejores?). La soledad será cosa del pasado.
Ja...ja...ja. La soledad está más presente que nunca. Maquillada con los bellísimos y variados colores que tiene la polvera de Lainterné para ofrecer. Estos lugarejos son la última novedad en contacto virtual, primos lejanos de los primeros clientes de mensajería y chatrooms. Estamos más comunicados para sentirnos menos solos. Increíble pero real, si se cambia el orden de los factores en la frase, el resultado es aún más impactante: nos sentimos menos solos mientras más comunicados estamos.
Si a esta altura no se suicidó, ha pasado la prueba. Si en lugar de eso quiere matarme, también. Si pensó en lo contradictorio de despotricar contra un medio a través del mismo, tiene razón. Ahora cállese y no lo ande gritando, carajo. Esta mala idea acaba de nacer y necesita descansar.
Esta es una de las tantas malas ideas que he tenido. A diferencia de sus hermanas menos afortunadas, floreció merced a la facilidad de llevarla a cabo y a la ingenua esperanza de poder encontrarle la vuelta a esto de escribir donde cualquiera puede escribir. Espero encontrar un hilo conductor a lo largo de lo que haga (¡frase absolutamente extrapolable!) y dilucidar exactamente qué me terminó de convencer para abrir el blog.
No es tan sencillo como parece. Un blog es un espacio que cualquiera puede tener, al igual que un fotolog y demás mierdas de la familia log. Los defensores de la libre expresión dirán que es todo un logro, auspiciado por la revolución tecnológica y "la maravilla de Lainterné". Estando a favor de la libre expresión, me permito decir que Lainterné es tan maravillosa como alienante.
No puedo sonreír al ver la cantidad de gente que tiene estos espacios y los emplea como bitácoras (gráficas, textuales e imagino que próximamente audiovisuales) de sus vidas. "Hacete uno, total es gratis", "Pasá y firmame" y otras varias frases vomitivas surgieron en diálogo ("cyberdiálogo", debo aclarar) con algunos de ellos. Asusta ver cómo muchos derraman sin vacilar sus peripecias y emociones de cada día en fotos y palabras. Diarios íntimos de diverso calibre emocional e intelectual al alcance de quien no tenga nada mejor que hacer y una computadora en frente. Eso sí, son gratis. O lo que es lo mismo, nuestra privacidad ya no vale nada.
Quien quiera discutir el éxito que han tenido estos engendros, principalmente los flogs, (apócope de fotolog, para los legos en la materia) simplemente dirija su atención al megaemporio de M$N Spaces. Los muchachos no se despeinaron y al instante sacaron un ofertón: poné tus fotos acá, poné tus escritos acá, poné tu vida acá, poneTE acá. YA. Sólo necesitás tu cuenta de cliente y ya podés empezar a despedirte de tu privacidad. Harás nuevos y mejores amigos (cyberamigos, ¿no son, acaso, los mejores?). La soledad será cosa del pasado.
Ja...ja...ja. La soledad está más presente que nunca. Maquillada con los bellísimos y variados colores que tiene la polvera de Lainterné para ofrecer. Estos lugarejos son la última novedad en contacto virtual, primos lejanos de los primeros clientes de mensajería y chatrooms. Estamos más comunicados para sentirnos menos solos. Increíble pero real, si se cambia el orden de los factores en la frase, el resultado es aún más impactante: nos sentimos menos solos mientras más comunicados estamos.
Si a esta altura no se suicidó, ha pasado la prueba. Si en lugar de eso quiere matarme, también. Si pensó en lo contradictorio de despotricar contra un medio a través del mismo, tiene razón. Ahora cállese y no lo ande gritando, carajo. Esta mala idea acaba de nacer y necesita descansar.
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