Después de mucho tiempo vuelvo a sentarme delante de la computadora para escribir algo. La bitácora vuelve en este momento y no es una casualidad. Nada lo es. El motivo de que surja ahora o, mejor dicho, hace un par de horas, todavía no está del todo claro, lo cual implica que este texto es un camino de vuelta para desenmarañar el asunto. Pero no es sólo eso. O sí. Veremos.
Este sábado probablemente haya sido el más árido de los últimos años de mi vida. Porque si no, ¿cómo se explica la existencia de estas líneas? De laburo ni hablar, tenía algunos apuntes que estudiar pero ninguno era urgente, los chicos andaban enfrascados en andá a saber qué cosa, tampoco tenía intención de averiguarlo. Mi hermano apareció después del almuerzo y me invitó a jugar al fútbol en el parque. A mí me sabía a nada y se lo dije de repente, tal como lo escribo ahora, salvando el tiempo verbal. Me escuchó y me miró con cara de estar frente a un boludo importante. Yo no pensaba cuestionárselo, así que me fui a dormir lasiesta.
No sé qué soñé, pero recuerdo que me levanté alterado, con la cabeza turbia. Según el teléfono eran las 15:15. “Todavía me puedo rescatar”, pensé. Levanté la persiana y la pieza se llenó de sol, el cielo estaba despejado a pesar de que han pronosticado lluvia, tormenta y demases para este domingo. Igual, eso iba a pasar mañana. Entonces estaba todo dado para concretar, todavía se podía. Me levanté y puse el agua para el mate.