lunes, 2 de enero de 2012

Horas de llegar

“¿Estas son...?”. Frase horrenda, prólogo de reprimenda, chicana de dos mangos. No hay circunstancia que justifique el continuar usando una expresión semejante para iniciar un bardo conyugal, fraternal o paternal.

La trasnochada que me pegué la semana pasada fue muy violenta, lo suficiente como para imaginar una voz en off que me cagaba a pedo así cuando ingresé a casa poco antes de las 0800, sobrio y sin haber dormido más tiempo que el que tarda la K en ir hasta Echesortu desde el centro. De la cantidad y la calidad de los minutos de descanso no se puede decir nada relevante, apenas que se me ocurrió descarrilar en un día hábil y conseguí un asiento individual para pegarle unos cuantos cabezazos al vidrio mientras el bondi se llenaba de gente que estaba yendo a fumarse el pegote y la soledad agobiante de los días laborales de verano, cosa que a mí me esperaba con el rigor inexorable de un “Lo que viene” en Fútbol de Primera. Pero viví para contarlo porque soy un pelotudo que atrasa diez años y recordó que le gustaba escribir cosas para subirlas a un blog.