miércoles, 19 de octubre de 2005

Exorcismo de octubre

La rutina se había alivianado con la llegada de la primavera. Sí, había que ir a laburar, había que estudiar e incluso dedicarse a ambas cosas. Pero el marco había cambiado. Los días se habían templado, el sol asomaba más tempranito, las mañanas se disfrutaban por más forzado que hubiera que salir de la cama. Todo este entusiasmo primaveral se esfumó con la llegada de este octubre de elecciones. Transitar la cotidianeidad buscando un momento para despegarse un poco de los deberes sociales se había hecho fácil con la llegada de la estación pop por excelencia (con perdón de los amantes del verano). Desgraciadamente, no duró. Habitualmente cuesta remontar vuelo por el tiempo que consumen las obligaciones de diversas índoles. La entrada al mes 10 ha hecho que cualquier llamado a la imaginación y a la introspección constituya ya una empresa digna de comparación con la última cruzada de Indiana Jones (claro que rima, ¿de qué otra forma iba a aparecer Harrison Ford acá?). Sentarse a despejar la mente, remojar las barbas, patear el balde o como quiera que se le llame se ha tornado imposible con la omnipresencia de los candidatos en las calles. Claro que esto es común a cualquier período eleccionario. El problema es que en esta oportunidad no irrumpen en nuestras conciencias con propuestas renovadoras y cambios “que la sociedad está pidiendo”, sino precisamente por la ausencia de cualquier cosa que se les parezca. La ciudad está empapelada con las caras de los Tres Mosqueteros Socialistas (con al menos dos de ellos severamente beneficiados por las virtudes del Photoshop). Por otro lado asoman Lo’ Muchachó Peronistas (léase cantando), quienes no ceden en su afán de mostrar cuanta foto tengan con el Señor K. Ambas plataformas electorales no invitan a pensar en algo más allá de las singulares caripelas que decoran la ciudad (aunque hay que destacar la labor de la Combi-Cumbia que hace bailar con la candidatura de Súper Mario Miatello). El 84,22% del papel afiche es ocupado por los rostros de nuestros funcionarios, mientras que el 11,31% se destina a nombrarlos y aclarar a qué puesto apuntan. Así, el 4,45% se destina a un lema que sí o sí (este parece ser el paradigma al que responden las campañas) tiene que tener las palabras “Rosario” y “más” en referencia al potencial de la Cuna de la Bandera. El 0,02% restante es un margen de error que puede encontrarse en cualquier estudio ficticio que se precie de tal.

jueves, 13 de octubre de 2005

Recuerdo (tonto)

Antes de empezar debo aclarar que mi relato será tan preciso y verosímil como mi memoria me lo permita, o al menos intentará serlo. Es que los hechos tienden a deformarse al atravesar los estrechos pasillos de nuestros sentidos, sabido es que nadie está exento de este problema. Lo que finalmente se almacena en la cabeza es un bosquejo más o menos rudimentario de lo que en realidad aconteció. Por suerte tengo muy buena memoria, o al menos eso dicen los que me conocen desde hace algún tiempo. Siempre surge allí a la hora de resaltar mis virtudes, aunque suele quedar un poco relegada cuando empiezan a alabar mi elocuencia, mi simpatía y amabilidad a la hora de las reuniones, mi seriedad durante los debates sobre temas de actualidad, las agudas observaciones que suelo realizar en dichas ocasiones, mis divertidísimos aforismos acerca de la vida cotidiana y finalmente mi inexplicable humildad a la hora de defenderme de todos estos cargos. No es que haya querido presumir haciendo gala de mis atributos, siempre me han dicho que no debo avergonzarme de aquello que otros admiran en mí. Tarde o temprano hay que convencerse de las cualidades que a uno le señalan, o al menos es lo que todos me recomiendan.