Todos tenemos momentos en que necesitamos ventilar, destilar o explotar, que en definitiva me parece el término más adecuado para evitar bastardear el profundo y complejo significado que un ejército de psicólogos ha construido en torno a la palabra catarsis.
Esta mediocre introducción sólo fue incluida para tratar de rescatar esa necesidad imperiosa de rearmarme de paciencia, la cual me invade cada vez que Sergio me engancha en el Messenger para molestarme. Así se ve de mi lado, claro; si le preguntás a él creo que no tiene ni la más remota idea de lo irritante que es. Como suele suceder con esta clase especial de personas intratables que nunca recibieron sanción o notificación alguna sobre su desagradable falta de criterio para la interacción con otros humanos, esto opera potenciando y deformando aún más la valoración negativa sobre el personaje que aparece -ventana de chat mediante- en la pantalla.
Lo cierto es que Sergio sigue calificando como amigo, así que tengo mi cuota de responsabilidad en la creación del monstruo como para no seguir disecándolo sin que me aplaste la contraofensiva de y por qué no lo mandás a la mierda.
