miércoles, 22 de febrero de 2006

Sin moverse de su casa

De las muchas inquietudes recurrentes en la mayoría de los seres humanos (esta expresión únicamente aparece aquí para evitar reclamos por parte de aquellos seres "especiales" que se consideran minoría de lo que sea), acaso una de las más intrigantes y relevantes en muchos niveles de la actividad humana sea la del deseo por vivir una vida ajena. Desde la insignificante frase pre-consejo "Yo, si fuera vos..." hasta la bella balada "Quisiera ser un pez" de Juan Luis Guerra, pasando por la comiquísima película "Gigoló por acc-- ¡NO! ¿¡QUÉ HACEN!? ¡SUÉLTENME!

*El escritor del presente texto ha sido relevado de sus funciones para preservar el amor por las manifestaciones artísticas y la integridad mental del lector. Sepa disculpar las molestias ocasionadas y haga caso omiso de las recomendaciones hechas por el autor... fueron sus últimas*


Ante todo es fundamental aclarar qué definición del término vida es la correcta a la hora de hacer esta introducción. Ésta se refiere a la existencia finita de un ser biótico en un tiempo y espacio precisos, con sus correspondientes rasgos físicos, familia, amigos, enemigos, empleo, rutina, activo y pasivo. Queda fuera del combo, en caso de que lo tuviese, el aparato psíquico del ser en cuestión (léase personalidad, ideas, capacidades mentales, traumas de la infancia, fobias y secretos). La única concesión posible en este sentido sería la de dominar la lengua materna del huésped si es que ésta y la del inquilino difieren, con el fin de facilitar la comunicación con el medio que lo rodea. Claro que esta facilidad no es tal si se considera al lenguaje como una forma de estructurar el pensamiento y... En fin, demasiadas aclaraciones inútiles para esta parodia de marco teórico.

sábado, 11 de febrero de 2006

Delirio para uno (persecución)

La habitación del frío y el frío de la habitación, todo lo que contiene deja esa única impronta de cuatro letras, escueta, terminante. Fría.

El cenicero de vidrio, la mesa de chapa sobre la que está apoyado, el tubo fluorescente que zumba desde el techo y baña todo con una luz fantasmal que de a ratos se interrumpe por capricho o por falta de mantenimiento, para el caso es lo mismo; las paredes pálidas y las manchas de humedad en las esquinas del techo, el piso de cemento que rezuma años de encierro, el aire que es una mezcla de ese olor y la transpiración de los dos hombres que están sentados frente a frente en dos banquetas, pero sobre todo del miedo del primero. Eso es lo que apesta en el cuarto, lo que el primero no puede disimular y lo que el segundo no deja de percibir aunque nada en su rostro lo indique. Frente a frente, separados por una mesa alta de menos de un metro de ancho, encerrados sin ventanas ni ventilación de ningún tipo en un espacio de tres por cuatro por dos y algo más. El segundo está de espaldas a la puerta, cara a cara con su objetivo inmediato. El primero está frente a él, pero su objetivo está más allá. Miedo y frío. Ahora basta con nueve letras para desentrañar el significado de lo que está por pasar de un momento a otro.