Hace un par de días venía caminando por la calle como cualquier mortal que puede y quiere darse ese lujo. Estaba fresco para chomba, así que había que andar por la vereda sobre la que daba el sol. Por ahí andaba cuando me crucé con un tipo bastante raro en apariencia, al menos dentro de lo que uno considera como fauna urbana autóctona. La cuestión es que me pidió unas monedas para el bondi. Teniendo en cuenta que estaba frente a la terminal de colectivos, el pedido me pareció genuino. Al fin y al cabo no tenía pinta de magnate pero tampoco de alcohólico o drogadicto simpático. Ojo, en el momento supuse que podía haber trampa, pero accedí sabiendo que en ese caso se había ganado las chirolas por haber planificado con algo de cuidado el mangazo.