Ayer casi se termina el mundo (por enésima vez). Claro que nadie se enteró. Por suerte. Flor de quilombo se hubiera armado. Capaz que esa era la gota que rebalsaba el vaso. Y sí, es probable que el fin llegue cuando todos nos enteremos de que se viene. Sí, tiene bastante sentido. Porque ahí vamos a empezar a hacer de todo para zafarla... y vamos a terminar apurando el trámite. Mirá vos, no lo había pensado nunca. Creo que alguna vez leí una huevada parecida. El fin del mundo no llega por mala publicidad. Así es, como le pasó a tantos políticos y actores. Lo voy a tener en cuenta. Gracias, pero mejor olvídese porque si no se va a empezar a correr la bola. Tiene razón. Si dentramos a avisar capaz que termina rebalsando. Bueno che, no me diga que esto no merece ser contado. Creo que lo mejor será dejar testimonio en algún rinconcito, que alguien averigüe más adelante si le place. O sea, cuando ya no sea peligroso. Precisamente, caballero. Ah, cada día me entiendo mejor.
El incidente que se difundió más temprano corresponde a una de las pocas provincias que todavía tiene la suerte de contar con un personaje de esos que derrochan carisma y mano dura hasta el último de sus días. Fue el autoritario gobernador de aquellos parajes quien amaneció de buenas y decidió darle el día libre a todo el personal de la casa de gobierno: "Tenía ganas de redecorarla de pies a cabeza, hay que alegrar este lugar bendito en el que tenemos la suerte de encontrarnos todos los días al servicio de nuestro amado pueblo”. En otro lugar de esa misma zona un joven enloqueció. Para sorpresa de todos sus conocidos, familiares y clientes, pasó todo el día despidiendo, contratando y volviendo a despedir “asistentes insurrectos e insubordinados”, acusados de alta traición por demorarse unos segundos en colgar una cortina allá y poner una lámpara por acá.
Esto fue apenas una coincidencia risueña. Los intercambios así de lineales, tú piensa en lo mío mientras yo pienso en lo tuyo, circunscriptos a un área más o menos abarcable para ambas personas, son los más fáciles de narrar y hasta parecen haber sido digitados por alguien poco original. Vale reiterar que lo que predominó fue la confusión, así que también fueron los menos. En realidad lo más común fue la arbitrariedad y el verdadero zafarrancho generado a la hora de tratar de atar los cabos sueltos que pendían de la cabeza de cada persona.
Mientras tanto, en la capital... (añada música de Batman a gusto).
Dos líderes políticos que ya llevaban semanas de agresión mutua y hectolitros de saliva gastados en embarrarle la cancha a su opositor desaparecieron del mapa justo antes de un debate televisivo (y eso que ni siquiera es tiempo de elecciones). Muchos cronistas que andaban chiflados por los mismos motivos decidieron un quemimporta más o menos consensuado y se dedicaron cada uno a su berenjenal. Los editores, por idénticas razones, no le dieron mucha importancia a la insubordinación. Una hora más tarde ninguno de los pocos periodistas que salió a la caza de los contendientes extraviados podía explicar la escena que ofrecían los dos tomando un vermouth, muy relajados en un bar con vista al río.
Cuando les preguntaron por la famosa pelea, instalada hace días en la primera plana de los matutinos, dijeron que no querían saber nada al respecto. Ante la obvia insistencia de uno de los reporteros, el del oficialismo no se alteró ni dejó escapar un solo insulto. Hizo todo lo contrario, pidió comprensión con el tono más amable que los analistas políticos le recuerden y contestó: "Sepa disculparme si lo que le digo no es lo que usted necesitaría publicar. Ni él ni yo teníamos ganas de asistir al debate hoy”. La sorpresa que causó aquella frase era previsible, así que no tardó en ampliar la explicación: “Por una vez seré honesto (los periodistas ya hervían de risa y espanto), la única verdad es que el señor me llamó a la mañana para confirmarme que no iba a ir al estudio de televisión porque se moría de ganas de jugar al tenis a la tarde. Por mi parte, yo le contesté con cierto asombro que tampoco tenía ganas de discutir, que me iría a tomar algo a algún lugar tranquilo donde se pueda pasar la tarde. Como los dos planes nos gustaron, decidimos no descartar ninguno y aquí nos tienen. Ahora, si nos disculpan, tenemos reservada la cancha para dentro de media hora y tenemos que ir a cambiarnos".
Ninguno de los trabajadores de prensa tuvo el coraje de consultarlo con un colega porque hubiera sido admitir que estaban perplejos, desconcertados, y encima pendientes de aquello que no sabían de qué parte de la estantería se les había caído. Aún así, todos compartían la sensación de estar ante un misterio acaso pariente de aquel de la multiplicación de los panes y el vino. No sabían cómo 4 manos habían logrado tocarles el traste a todos al mismo tiempo. El opositor sonrió como ningún fotógrafo había mostrado antes y salió detrás de su contrincante a través del reducido grupo de cronistas. La noticia no llegó a la tapa de los diarios, lo cual indica a las claras que los editores no quedaron del todo trastornados. Las notas se colocaron en el lugar donde menos llamaran la atención, los escritores relataron lo ocurrido cuidando las formas y empleando palabras como "tregua" e "impasse" para mantener la tensión (no fuera cosa de perder credibilidad), evitando a su vez que la contienda política se pinchara como globo de cumpleaños. En un rincón chiquitito de uno de los diarios que menos tenía para contar aparecía una fuente de confianza dando detalles sobre el partido más parejo y cordial en la historia del country.
Así le pasó a las figuras públicas y a las otras; si no hubo mayor escándalo fue porque todos estuvimos más atentos a lo que sucedía con nuestro propio desconcierto. No habría que descartar la posibilidad de que se haya dado alguna gran historia mínima, plena de lágrimas, humor saludable y una moraleja que nadie podría obviar a la hora de repasar lo acontecido. Si algún muchacho se cansó de la contabilidad para dedicarse al free jazz y recorrer el mundo, si alguna bella doncella abortó un matrimonio bastardo y parió un amor con alas, si algún sargentoprofesor se sentó rendido entre sus alumnos a discutir con ellos sobre el sentido de la vida, si esos pibes le dijeron que todo bien pero primero demos clases y después salimos a tomar algo y lo hablamos... si se coló una fábula entre los chistes sin remate, los malos cuentos de terror y las escenas de publicidades de teléfonos celulares, entonces esto no es más que una mala idea suya, floreciente, babosa, que se disfrazó muy bien. Se le han mezclado los tantos, como todas las otras veces en que creía estar en lo correcto, un error lo puso contra la pared, empezó a dudar hasta obnubilarse. Así, temblando y nublado, uno termina por darle crédito a cualquier huevada con cara de idea.
El final feliz falta y seguirá faltando, sólo puedo aconsejarle que sonría, usted ha sido engañado por usted. Bueno, pero déjeme decirle algo más. Ya sé, cuando escucha una voz desconocida lo primero que hace es intentar descifrar de quién es, de dónde viene, por qué le habla a usted y todas esas cosas que son preferibles antes que prestar atención a lo que le dice, porque es inquietante, porque se le mueve el piso y la incertidumbre -madre o al menos tía solterona de la curiosidad- mata. Porque cualquier duda o disonancia respecto de lo ejecutado hasta el momento ni siquiera debe ser contemplada, merece solamente el olvido. Pero eso no se fabrica ni se vende, por suerte, por desgracia... porque dicen que dicen no existe. Lo mejor que podrá hacer será dejar de prestarle atención hasta que deje de sonar, hasta que se vuelva un zumbido bajito e insoportable, fundido sin marcas ni cicatrices en lo más profundo de su silencio. Difícilmente lo reconozca cuando se despegue del fondo y empiece a sonar entre las olas, será desconocido y, por ende, ajeno, aunque tenga pinta de estar hecho con la mismísima arena de su reloj y parezca tan viejo como usted ¿Usted me quiere dar a entender que aquella maldad de andar moviendo ideas a la bartola es verso? Más o menos. Bueno, explíquese si no quiere terminar contradiciéndose. No me asusta, no sería la primera vez. Pero podría ser la última. Tampoco me asusta, siempre podría ser la última. Eso lo dice, nomás ¿Qué otro remedio me queda? Tengo la leve impresión de que me está agarrando para la joda y no hubo nada de eso que usted me cuenta. Le venía hablando de esa misma desconfianza y de la incertidumbre, mejor revise antes de que termine por contradecirse nuevamente. Me niego a seguir discutiendo con alguien que no puede mantener el mismo discurso durante 5 párrafos. No me extraña viniendo de una persona que arranca queriendo contar una historieta de mentira y termina discutiendo con él mismo a la vista de todo el mundo. Si quiere decir que estoy loco hágalo y déjese de especular con tantos circunloquios y perífrasis. Ya fue, guarde el diccionario y decretemos la paz, esto hay que celebrarlo aunque a nadie le importe.
1 comentario:
hacía mucho que no leía nada tan bueno...
pero me enredé, caí en el tonto juego de meterme con mis ideas y resulta como siempre que no hay un espacio para completar (je)
resultó efectivo como amagar y dejar al jugador mal parado :P
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