miércoles, 20 de julio de 2005

El día que se pelearon los huevos

Pues bien, nada más tentador en un día como este que hablar de un feriadito más. Dado que el hipervínculo a la izquierda habla por sí mismo, no hace falta que nadie ahonde en el tema. Estoy seguro de que al terminar de leer semejante nota, la hoja de diario en la que está impresa se autodestruirá. O debería, al menos. En el caso del monitor va a ser bastante más complicado, pero no pierda las esperanzas. En cualquier caso, repitan conmigo hermanos y hermanas: "¡Alabados sean Carlín y el pendex, llegó el día del amigo!".

Podría decirse que fue una jornada agotadora y emotiva. Que fue una oportunidad inmejorable para retomar contacto con aquellos a quienes teníamos guardados en un cajón bajo la letra S de "Si necesito algo te llamo" o la N de "Nos tenemos que juntar algún día". Podría decirse a su vez que dejamos de estar archivados por un ratito en los cajones de los otros. Que nos sacaron para mirarnos un ratito en pos de un recuerdo o un sentimiento del cual somos la llave. Que nos sentimos aliviados al ver que esos tesoros aún estaban allí, o nos alarmamos al ver que se habían perdido en el zafarrancho de la memoria. Que nos guardaron en nuestro lugarcito tras un beso, un abrazo y una caricia que fue más nostálgica que para limpiarnos el polvo un poco. En cualquier caso, tanto la nostalgia como el polvo se llevan de lo más bien y ninguno de los dos se sintió ofendido por la duda.

Podría decirse que estuvimos a punto de esquivar a los Enanitos Verdes cantando que "un amigo es una luz". Que casi nos olvidamos de decirle a alguien: "tú eres mi hermano del alma". Que cumplimos con nuestras "personitas especiales", nuestros "locos lindos", nuestros "amigazos" y demás figuritas del álbum. Que aprovechamos la oportunidad para perdonar y ser perdonados por alguna cosilla, para "decirte lo que realmente pienso sobre vos" y "lo importante que sos para mí". Podría decirse que somos poco originales para expresar nuestro afecto y que a veces no lo expresamos en la medida y la forma adecuadas (tanto en demasía como en escasez). En cualquier caso, pobre del que deje de valorar el regalo por sobre lo grande o lo chico de la caja ¡Y ni hablar del que se fije en el moño con que lo atamos!

Podría decirse que todas estas consideraciones nacidas a la luz de una fecha que volverá dentro de 365 días no son originales. Que se reciclan cada 12 meses y que sólo encontramos alguna forma nueva en el amasijo final. Que cuando la miramos bien, esa forma sólo era novedosa por estar escondida bajo un pliegue de nuestra cabezota que no habíamos alcanzado a girar en ocasiones anteriores. En cualquier caso, la necesidad de detenerse a reflexionar siempre será irresistible por más trivial y visitado que sea el tema en cuestión.

Podría decirse que así pasó el día del amigo versión 2005. Podría, pero el sol apenas lleva un par de horitas colgado en el techo. Será cuestión de ir y confirmar tanta predicción, entonces.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No parece ser extraño que la reflexión sobre “amistad” (a secas) me haya surgido en el momento en que me dirigía al parque con mate, guitarra, radio y amigas al hombro -tal como aparece en el Manual para no alejarse de una Vida Normal- y mientras el jolgorio sonaba al unísono con las quejas desesperadas (o mejor, desesperantes) de una de mis amigas más valiosas que, por cierto, cada vez comprendo menos. Toda clase de cartelitos acusadores le colgó a cada uno de los amigos que no vinieron por haber elegido la opción B. O a decir verdad, la A, puesto que la opción B parecíamos ser nosotras.
Podría escribir un libro titulado “Las Mil y una Hojas sobre la amistad”, pero considero que ya aburro demasiado cuando hablo, y no es cuestión de avasallar sobre todos los campos de expresión. Así que prefiero resaltar solamente lo que pensé en aquél momento: “Una sonrisa y a los amigos no exigirles cosas que no son.”
Frente al dilema, y conociéndola a mi amiga, me abstuve de comentarios y me dispuse a disfrutar del día y de los amigos de la mejor forma posible. Y así fue. Incluso el sentimiento de alegría se prolongó más días mientras fui recibiendo señales de vida desde tierras lejanas a mi ciudad y/o país. Me vino como anillo al dedo. Casualmente yo atravesaba algunos bajones personales y justo el viento sopló fuerte y me arrimó algunos amigos que sin saberlo (creo yo) me levantaron el ánimo. Para mi sorpresa y posterior reflexión, eran aquellos de los que menos esperaba. “La vida te da sorpresas”, y ante ellas, o te asustás, o te alegrás. Y en estos asuntos florecen mis inclinaciones optimistas.
Pretender un feriado de un día del que lo único que se pide es incrustar a los amigos en nuestra cotidianeidad me parece no sólo innecesario (sin ahondar en el tema político-económico-social) sino también contraproducente. Aquél que ensayó el berrinche por trabajo, estudio o enfermedad, no tiene que olvidarse también que hubo más de un “boludo” -apodo más usado en nuestros tiempos- que dijo (seguro dos veces a falta de una) “pobre el salame de Fulanito que no pudo venir” y se encargó de hacerle saber que sigue siendo su amigo a pesar del trabajo o la carrera que eligió.
Con penas y glorias el día pasó, por suerte para recordar que en compañía de uno mismo no nos enriquecemos tanto. Gracias.